“Todo el tiempo que podía consagrar al trabajo debí reservarlo a mi obra (El Capital), a la cual he sacrificado mi salud, mi alegría de vivir y mi familia. Si fuéramos animales podríamos dar la espalda a los sufrimientos de la humanidad para ocuparnos de nuestro propio pellejo. Pero me hubiera considerado poco práctico de haber muerto sin al menos haber terminado el manuscrito de mi libro”.
Karl Marx, 30 abril de 1867.