martes, octubre 11, 2011

Una invitación a la lectura de Hegel.


Han transcurrido 180 años tras la muerte de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. 
Tras su eclipse filosófico en noviembre de 1831, con sorpresa abrumadora en contraste con lo que ha pasado con las tesis filosóficas de I. Kant o David Hume o cualquier otro filósofo moderno, la obra de G.W.F. Hegel ha sido estudiada poco de manera responsable y sistemática, aunque, por ejemplo, desde la obra Hegel, de Charles Taylor, de 1975, o el estudio francés de la Fenomenología a cargo de Jean Hyppolite, en 1946, hasta hoy día, esfuerzos varios, en diferentes países, han equilibrado la balanza. Apenas se publicó, en el año 2000, una monumental obra de más de 900 páginas escrita por Terry Pinkard, Hegel, a biography, la investigación biblio-biográfica más completa y respetable que existe sobre el filósofo alemán; un año después se tradujo al español, vía Acento Editorial; asimismo, Jacques D’Hondt ha contribuido enormente a aclarar, por ejemplo, la filosofía política de
Hegel con una investigación biográfica, publicada en 1998. 
Es extraño también constatar que solo unos cuantos nombres existen referente al estudio de Hegel en lengua castellana, como lo son Ramón Valls Plana, desafortundamente recién desaparecido, o Félix Duque, para el caso español; para el caso latinoamericano, los esfuerzos, por ejemplo, de José Ignacio Palencia, profesor de filosofía en la Facultad de Filosofía, de la UNAM, o de Rubén Dri, teólogo y filósofo argentino quien ha hecho trabajos de mucha calidad para introducir la Fenomenología, o del profesor de física y filósofo, el chileno Carlos Pérez Soto, de quien ha salido primeramente este interés que expreso aquí, por Hegel. 
Circulan, eso sí, en inumerables lugares, innumerables racimos de tonteras, como esloganes o frases simples, sobre lo que supuestamente dijo o teorizó. No es menos sorprendente que la primera traducción al español para un público latinoamericano de la Fenomenología, publicada por primera vez en Jena, en octubre de 1807, se haya dado a conocer hasta 1966, es decir 159 años después, a cargo de Wenceslao Roces. 
Si es posible adjudicar responsabilidades de las incomprensiones, mitos, leyendas y tergiversaciones del filósofo alemán y su obra, por mencionar una obra al respecto, que si bien se mantiene como una introducción extramadamente simplificadora de algunos filósofos, destacándose en ella su picardía curiosa, es verdaderamente lamentable el tratamiento que hace Josefo Leónidas sobre el autor que no interesa (1965: 75-76), es posible ubicarlas en varios planos y en varias épocas, y, por supuesto, no en el propio Hegel y su manera “oscura e incomprensible” de filosofar, que exige ésta una una estricta cuota de entrada. Por ejemplo, ya en el siglo XX, residen menos, aunque hay mucho de esto mismo, en Berthand Russell que, según Robert Pippin, puso de moda criticar a Hegel sin leerlo, o en Karl Popper que basó sus “famosas críticas” hacia Hegel leyendo a ¡Engels! (Pérez Soto, 2007a), sino más en contemporáneos suyos que lo odiaban enormemente. Como, por ejemplo, Arthur Schopenhauer (1788-1860), quien no pudiendo “rivalizar” con Hegel en términos de la cantidad de alumnos registrados en los cursos que cada quien impartía en la Universidad de Berlín, dado que los dos filósofos alemanes impartían sus materias a la misma hora, a petición del propio Schopenhauer, éste nunca pudo hacer disminuir el interés de los alumnos por las clases de Hegel en beneficio suyo, de tal suerte que renunció a la Universidad por no tener matrícula de alumnos, reduciendo, así, su vida docente a pocos años; toda su vida restante hechó pestes sobre Hegel (Cf. Carlos Pérez, 2007b; 2005: 29, nota 5.) 
Pero sobre todo residen en las primeras biografías a cerca de él, claramente las dos primeras en ver a luz, particularmente la segunda, bajo el título Hegel y su tiempo, publicada el 5 de agosto de 1857, 26 años después de su desaparición; la primera había sido publicada en 1841, escrita por Karl Rosenkranz, antiguo alumno de Hegel. 
Escrita por Rudolf Haym, primero como diputado a la Asamblea Nacional de Frankfurt, participando en la redacción de la primera constitución de Prusia, en el año de 1848, y después como virulento crítico de Hegel, Hegel und seine Zeit formula una monumental intrepidez lógica, inspirada en astucias políticas y llena de equívocos: descarga en Hegel todo lo que pertenece a la avalancha que desencadenó el Congreso de Viena en territorio prusiano. Es decir, ve en Hegel al máximo exponente de los dramas de esa época. 
Es en la llamada “época de la Restauración”, el tiempo más reaccionario de la Europa occidental, años que corren de 1815 a 1831, el periodo donde Hegel, tras buscarlo fervientemente desde el momento que deja de desempeñar la tutoría de los descendientes de una familia aristocrática en Berna, se convierte en profesor universitario de filosofía, primero en Heidelberg, en 1817, después y definitivamente en la Universidad de Berlín, en 1818, hasta su muerte. Es la biografía de Haym quien presentó a Hegel como el filósofo por antonomasia que defendió la monarquía absoluta de Prusia, convirtiéndose, según Steward (1996), en la obra referencia hasta hace poco tiempo, posiblemente la principal influencia en Europa, para hacer biografías del autor de la Ciencia de la Lógica e “introducir”, también, su filosofía[1]. 
Un asunto religioso vale la pena ser tomado en cuenta aquí. Hegel fue un luterano, y su época en Berlín había coincidido con la época de la Triple Alianza, donde tres países, la Francia católica, la Rusia ortodoxa y la Prusia luterana, para dominar el escenario europeo, realizaron un especie de pacto de no agresión en materia religiosa. Los pronunciamientos anticatólicos de Hegel tenían un cariz algo subversivo dentro de la política prusiana, y por ello fue acusado oportunamente ante las autoridades, lo que le valió, entre otras cosas, no ser aceptado en la Academia de Prusia, pese a ser uno de los profesores más importantes de la Universidad de Berlín. De tal suerte, este episodio invita seriamente a revalorar la relación que mantuvo Hegel con las autoridades prusianas, una relación seriamente diferente a la que difundió Haym (Pérez Soto, 2005: 133).
Friedrich Shelling, ex amigo de Hegel y convertido en ultra conservador, contribuirá otro tanto al descrédito hegeliano cuando, designado sucesor de la propia cátedra que Hegel había dejado en Berlín por parte de Federico Guillermo IV, convertido en rey en 1840, se encargará de purgar a los discípulos de Hegel. Llama poderosamente la atención que la primera clase de Shelling, el 15 de noviembre de 1841, a diez años de la muerte de Hegel, hayan asistido Kierkargaard, Bakunin y Engels (Cf. Pérez Soto, 2005: 17). 
Otro tanto más de este descrédito se debe también a los propios “amigos del difunto”, como L. von Henning, K. L. Michelet, H. G. Hotho, Ph. K. Marheineke, E. Gans, K. Rozenkranz, Jo. Schulze, L. Boumann y F. Förster; discípulos de Hegel que, con buenas intenciones al querer difundir las obras del filósofo a los no especialistas, publicaron diversas ediciones de las obras de Hegel, las más famosas llamadas “Lecciones”, en donde se mezcla a diestra y siniestra las propias notas que tomaron de los cursos a los que asistieron y las notas mismas para clase de aquél, sin diferenciar qué pertenece a Hegel y qué pertenece a sus interpretaciones.

 Bibliografía consultada
 GARAUDY, Roger, 1976, El pensamiento de Hegel, Barcelona, Six Barral, 310 p.
LEóNIDAS, Josefo, 1965, Los escandalosos amores de los filósofos, Chile, Editado digitalmente por la Universidad ARCIS, desde: www.philosophia.cl.
LLOVET, Jordi 2011, “Ramón Valls Plana, voz hegeliana en España”, en (Obituario) El País, desde: http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Ramon/Valls/Plana/voz/hegeliana/Espana/elpepinec/20110819elpepinec_1/Tes.
PéREZ SOTO, Carlos, 1998, Sobre un concepto histórico de ciencia. De la epistemología actual a la dialéctica, Chile, Universidad ARCIS, 333 p.
________________, 2005, Sobre Hegel, Chile, Palinodia, 152 p.
________________, 2007a, “Justificación”, clase del 2 de agosto, en la Facultad de Derecho, de la Universidad de Chile, en formato mp3.
________________, 2007b, “Contexto”, clase del 2 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007c, “Hay realidad”, clase del 9 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________,  2007d, “Qué leer de o sobre Hegel”, clase del 9 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007e, “Relación y posibilidad”, clase del 16 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007f, “Necesidad y contingencia”, clase del 16 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007g, “Singular, particular”, clase del 28 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007h, “Universal”, clase del 28 de agosto, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007i, “La razón kantiana”, clase del 4 de octubre, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007j, “De Kant a Hegel”, clase del 4 de octubre, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007k, “Hegel 1”, clase del 25 de octubre, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007l, “Hegel 1b”, clase del 25 de octubre, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007m, “Hegel y la dialéctica”, clase del 11 de noviembre, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________, 2007n, “Hegel 2”, clase del 27 de noviembre, en Facultad de Derecho, op. cit.
________________,  2008, Desde Hegel. Para una crítica de las ciencias sociales, México, ITACA, 210 p.
________________, 2010, “Una lectura kantiana de Hegel”, en Conciencia desventurada. Rincón hegeliano, desde: http://grupohegel.blogspot.com/2010/01/una-lectura-kantiana-de-hegel-1-carlos.html, enero.
PINKARD, Terry, 2001, Hegel, una biografía, España, Acento Editorial, 927 p.
STEWARD, Jon, 1996, “The Hegel Miths and Leyends”, en Marxists archive, desde: http://www.marxists.org/reference/subject/philosophy/works/us/stewart.htm. Véase la versión en español, desde: http://hegel.net/es/stewart1996.htm
 



[1] La presentación de Hegel y su tiempo hecha por la editorial Gallimard señala que se trata de una investigación cuya postura alimenta la oleada antihegeliana que se desarrolló en Alemania, dado que, según se dice, Hegel desvalorizó la libertad y el individuo, convirtiéndose en el portavoz del absolutismo monárquico y de la restauración. Cf. http://www.lacentral.com/9782070782628.

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